"El tren fluvial" abrió la 21ª edición del Festival Tucumán Cine Gerardo Vallejo con una historia que sigue a Milo, un niño de nueve años que vive en un pueblo, practica malambo y sueña con viajar a Buenos Aires. 

Antes de la proyección, su director, Lorenzo “Toto” Ferro, y el productor Tomás Grandio conversaron con LA GACETA sobre una película que se construyó entre el azar, la observación y el impulso de un equipo joven.

ENTRE EL PÚBLICO. Lorenzo / LA GACETA, DIEGO ARÁOZ

Una escena que nació durante el rodaje

Aunque el malambo está desde la primera escena, no formaba parte del proyecto original. La idea apareció durante el rodaje, cuando el protagonista, que también se llama Milo en la vida real, debía participar en una competencia en Tandil.

“Tuvimos que detener el rodaje para que pudiera ir y Lucas dijo: ‘Sigámoslo, vayamos a filmar aunque esto no entre en la película’”, recordó Ferro. El equipo registró la presentación real del niño y esa toma terminó convirtiéndose en el inicio del largometraje. “Le dio un poder a la película, que es el poder de la verdad y de la realidad”, contó el director. 

La película tampoco fue pensada para transmitir una enseñanza. “El tipo de cine que disfruto no es el que trata de dar un mensaje, sino el que hace que vos pienses y armes el tuyo”, señaló. Su búsqueda, explicó, estuvo más relacionada con “convertir el dolor en aventura” y acompañar a personajes que atraviesan diferentes experiencias hasta encontrar, o no, alguna respuesta.

Ferro también reconoció que algunas experiencias personales terminaron apareciendo en la historia. El protagonista participa de un casting e intenta abrirse camino en el mundo artístico, una situación que el director relacionó con una etapa de su propia vida. “Uno escribe y dice: ‘Obviamente estoy purgando cosas que ya arrastro conmigo’. Es una manera de ir sanando lo que a uno le va pasando en la vida, lo bueno y lo malo”, expresó.

TOMÁS GRANDIO. El productor habló con LA GACETA sobre el rodaje de la película. / LA GACETA, DIEGO ARÁOZ

Grandio aportó que el equipo trabajó atento a lo que ocurría alrededor, incorporando imágenes, sonidos y situaciones que aparecían en las locaciones. “Era estar todo el tiempo a la inventiva de lo que pudiera pasar”.

Filmar con pocos recursos

La producción también estuvo marcada por las limitaciones económicas. La película se realizó con fondos privados y el aporte de amigos y colegas. Grandio destacó además el trabajo de Valentina Torre y Gianna Vera, estudiantes de la Universidad del Cine que ayudaron a impulsar el proyecto.

“Somos todos operaprimistas”, contó. “El principal motor fue generar un equipo con hambre de hacer una primera película. Lo hicimos con muy poco”.

Ferro agregó que la reducción de la actividad audiovisual dejó menos oportunidades y puestos de trabajo para técnicos y profesionales del sector. Sin embargo, aseguró que el contexto no podía convertirse en una excusa para permanecer inmóviles.

“Parecía imposible hacer una película y, sin embargo, el amor por el cine mueve los rodajes”, afirmó. Para el director, filmar hoy en la Argentina también adquiere un sentido colectivo: “Es casi un acto revolucionario, porque hacer cine es juntarse con otras personas, escucharlas y poner cosas en conversación”.

ACTO INAUGURAL. Tucumán Cine abrió su 21ª edición. / LA GACETA, DIEGO ARÁOZ

La película fue elegida para inaugurar el festival y se presentó ante una sala colmada. “El tren fluvial” fue el primer largometraje codirigido por Lorenzo Ferro y Lucas Vignale, quien falleció este año.